Aguantar no es una opción en el amor: Capítulo 2

¡Y sigo todavía por aquí!
Como ya comentó mi querida Mia ésta sera una historia conjunta (como la de Perversión) así que
iremos alternando los capítulos.
Espero que esta historia que esta comenzando te guste tanto como me está gustando a mi... sin más ¡ve a leer!





Capítulo 2:

Llevaban media hora en silencio, cada uno sentado en una esquina del sofá. El ambiente era tenso, ninguno sabía que decir aunque cientos de preguntas navegaban por su cabeza. La primera era ¿por qué? No se conocían, tan sólo se habían visto en la calle, ambos empapados, cada uno con una cara peor y dispuesto a engancharse al otro como si fuera el único tronco en un naufragio. Y al fin cuando estaban solos, cuando podrían hablar... las palabras no salían. Era como si un nudo de incomodidad se aferrara en su garganta, como si sus voces fueran a romper el hechizo mágico.

Después de un largo rato de incomodidad Olivier se levantó del sofá, caminó en silencio hasta la cocina y trajo con el dos tazas de chocolate caliente, se disculpó diciendo que se le he había acabado el café. Aunque estaba mintiendo, era un adicto al café, pero consideraba que aquella joven no le iría nada bien tomar café. Necesitaba descansar, relajarse y algo le decía que si se iba de esa casa jamás lo podría estar. Una idea algo malvada le cruzó por la cabeza...


- Oye, ¿dónde te ibas a ir de luna de miel?- preguntó él rompiendo el silencio incomodo. Ella saltó sorprendida y miró el contenido de su taza algo cohibida.

- A París. - susurró avergonzada.- Ya sé que es algo típico, pero mis padres fueron ahí de luna de miel... y me hacía ilusión ir.

- No tienes que avergonzarte.- sonríe él de forma cálida para darle ánimos.- París es un lugar precioso, aunque en ésta época del año es muy frío.

- ¿Tú has ido?- le miró curiosa.

Con una simple pregunta los dos comenzaron a hablar, rompiendo la incomodidad y relajando cada músculo de su cuerpo. Así estuvieron un rato hasta que el taxista llamó a la puerta. Los dos se quedaron mirando, esperando que fuera el otro a que dijera la última palabra. Pasó un segundo, dos, tres y cuando se levantaron el vehículo se había marchado. Ambos sonrieron y en un mutuo acuerdo decidieron pasar la noche juntos.

El aeropuerto estaba vacío a pesar de ser una temporada alta de turistas. No había casi gente y lo único que se oía era su troller siendo arrastrado en la lisa superficie del suelo. En la otra mano sostenía su vestido de novia, planchado y embolsado y a su lado, con aspecto relajado se encontraba Olivier. No sabía como había pasado, pero estaba con ella. Habían decidido viajar juntos.

La azafata le cogió los billetes, les subió las maletas y le pidió amablemente que fueran tomando asiento. Como buenos niños obedientes se sentaron, colocaron el bolso en un lugar cómodo y esperaron a que el avión comenzara a moverse.


El viaje fue en silencio, ninguno decía nada pero estaban conectados por las manos. Al principio él había abierto la palma, esperando a que ella se la cogiera y no tardo mucho en aceptarlo. No fue hasta un rato después que ella dejó de temblar, se relajó y se quedó dormida sobre su hombro. Estaba viajando de luna de miel, al país del amor con un hombre que acababa de conocer un día atrás... ¿Qué le estaba pasando?

Comentarios

  1. Que me gusta la historia y el capítulo ha sido por demás tierno =) sigo leyendo :D

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    1. ¿Si te gustó? Me alegra, pues veré si puedo ser aún más tierna.
      ¡Un besito!

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