Aguantar no es una opción en el amor: Capítulo 4

¡Y llegó yo con el capítulo cuatro!
Se están complicando las cosas un poquito, pero bueno todo se puede resolver o todo se puede ir a pique... ahora depende de lo que mi adorada Mia decida.
Bueno, sin más... ¡os dejo con el capítulo!






Capítulo 4:

La habitación del hotel era un claro canto al sexo. No sólo por el hecho de que los botones amablemente hubieran colocado una botella de cava y llenado la cama de pétalos, y tampoco que en el baño hubieran sales frutales y algún aceite exótico para facilitar las relaciones. No era nada de eso, aunque tenía una gran parte de culpa. Era el hecho de tener aquel hombre a su lado, exudando testosterona, siendo caballeroso, mirándole a los ojos cuando le hablaba, rozándole dulcemente la mejilla cada vez que un cabello se le metía en la cara. Olivier era el Dios del sexo y la estaba seduciendo sin a penas costarle nada. No era tonta, sabía que la quería llevar a la cama, y no sabía cuantas ganas tenía de que así fuera, pero sabía que aún estaba casada, pero en según que sentidos su matrimonio no estaba consumado. Quizás, si su mente le ayudaba, podría fingir que él era su marido, que estaban pasando la mejor luna de miel y podría hacer que toda la amargura de horas atrás se convirtiera en una dulce miel. Podría hacerlo...

- Hazte pasar por mi marido estos días.- dijo sin pensarlo dos veces. Él levantó la ceja sorprendido, sonrió divertido y le levantó la barbilla con un dedo.

- Por supuesto, cariño.

El beso cerró el pacto. Podrían haber tenido sexo esa misma noche. Más bien, cuando sus labios se juntaron automáticamente sus cuerpos se unieron, pero fue tocar la cama que Indhira se quedó totalmente dormida. A su lado Olivier sonrió, le acarició la mejilla y le tapó con una manta. Quería hacerle el amor, pero necesitaba que esa mujer estuviera en plenas capacidades, porque cuando lo probara, jamás se iba a separar de él. Lo sabía, ese era el efecto que causaba en las mujeres y quería que ella fuera la definitiva. Para algo estaba ahí ¿no?

El primer día en París fue increíble. No pararon por el hotel en todo el día. Pasearon por Pigale, visitaron en Louvre, pasearon por los Campos de Marte, subieron a la Torre Eiffel y se tomaron un helado al lado del Moulin Rouge. Al caer la noche se sentaron en un parque, observando como la torre iba cambiando de colores, apreciando el buen tiempo y disfrutando de la compañía del otro. Desde la noche anterior no habían hablado de su extraño pacto, pero en cierto modo hacerlos les daba miedo. Si abrían la boca, romperían el hechizo, así que se prometieron tan solo abrirla para gemir esa misma noche. Porque si, iban a hacer el amor. Se iban a comer mutuamente, con avidez, con necesidad y con amor. Sobre todo porque individualmente se habían comprado en alguna tienda de Pigale, algunos objetos sexuales para mayor disfrute. Para Indhira, el sexo era una incógnita, su marido era de mentalidad cerrada, jamás jugaban, nunca pasan del misionero y más de una vez ella se había ofrecido a tener sexo anal, pero nunca pasaban de esa postura aburrida y sosa, pero con Olivier, creía que podría explorar mucho más de lo que sabía. Y esa noche lo iba a comprobar.

Las limpiadoras habían hecho su trabajo, pero amablemente habían vuelto a dejar una botella de cava y unas copas, además de una caja de bombones. En el baño seguían las sales y la espuma, por lo que Indhira aprovechó para darse un baño en condiciones. Quería depilarse todo el cuerpo, quería que Olivier viera su cuerpo tan suave y sedoso que no quisiera alejar las manos de su piel, además que después de largo día de paseo comenzaba a oler a adolescente. Algo que odiaba profundamente.

Sin decirle nada a su falsa pareja, entró al baño se desnudo y se tomó un largo baño. Al salir todo su cuerpo desnudo emanaba vapor, su piel brillaba y tenía los pezones tan duros como una piedra. Realmente no estaba segura de como iba a reaccionar Olivier, pero cuando él se adelantó y la empotró contra la pared, besándola con pasión quitándose la ropa y pegando su piel contra la de ella. En poco tiempo, estaban los dos jadeando, unidos en un caluroso abrazo y llenando la habitación a olor a sexo. Cuando llegaron al climax ninguno logró hablar, pero sabían que debían hacerlo. Ya los dos habían cumplido uno de sus deseos, ahora tocaba centrarse en la realidad... pero ésta era mucho más dura de lo que los dos querían aceptar. Ella seguía casada y no sabían por qué, pero tenían la sensación de que su marido jamás le concedería el divorcio...

Comentarios

  1. Interesante... Jojojo,¡me toca! Aunque me lo has dejado bastante complicado. Me vengaré. :)

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  2. Veremos que se me ocurre para el próximo. Vayamos por partes xD

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  3. ¡Oh! Se le complica todo. Me ha dejado intrigada, voy a leer la continuación :D

    ¡Un abrazo!

    Bye!

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    Respuestas
    1. ¿A que si? Jojo y ya verás lo que se complicará más.
      ¡Un abrazo!

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