Una luna para dos: 2. Verdades

2.Verdades:

Después de tener relaciones sexuales con Sam, sentía que debía volver a ponerme la mochila de la culpa. Era como si no pudiera disfrutar del hecho de haber hecho el amor con él, como si esa sensación de felicidad fuera para personas totalmente buenas y sin un pasado oscuro. Observo como Sam duerme a mi lado, su rostro está tranquilo y su respiración es muy pausada. No sé si duerme así por culpa del alcohol o si lo hacer por el sentimiento de paz que tiene uno después del sexo. Quise pensar en lo segundo cuando me levantaba de la cama y realizaba lo habitual. Cuando estaba recogiendo mis bragas caí en la cuenta de que estaba en mí piso. No tenía que salir corriendo, tampoco esconderme si la puerta sonaba o simplemente vestirme. Desnuda como estaba caminé al salón, encendí las luces y me estiré feliz. Eran las 10 de la mañana, una hora buena para comenzar a ser persona. Preparé el café canturreando y por primera vez en años, me sentí como si fuéramos pareja.

Perdida en mis fantasías no reparé que la puerta estaba sonando. Tuvieron que tocar al timbre, hasta que las ventanas de la cocina retumbaron y el gato comenzó a maullar histérico. Apagué el fuego y corrí hasta la puerta, sin preguntar abrí la puerta y me encontré a un pálido y sorprendido Neil. Mierda. Pensé cuando me di cuenta que estaba desnuda, llena de marcas de una noche sexual y una sonrisa de oreja a oreja. Mi cerebro comenzó a trabajar tan rápido como pude, cerré la puerta y me coloqué una bata, luego volví a la puerta y la abrí. Aún un tantos sorprendidos por lo ocurrido estuvimos en silencio, los dos ocultábamos la mirada en nuestras tazas de café y tan sólo se oían los ronquidos quedos de Sam en la habitación y el ronroneo de mi gato. Deseé que no preguntara quien era el hombre, y tampoco que me pidiera el parte sexual. En nuestros años más juveniles, solíamos informarnos de nuestros ligues sexuales, e incluso esperábamos una aprobación por parte del otro. Pero desde el minuto cero que comencé a tener relaciones con Sam, aquella tradición se había borrado. Principalmente, porque jamás solía encontrarme a Neil en mi casa, junto a Sam…

- ¿Es guapo?- rompió el silencio algo incómodo.- Ronca fuerte, eso quiere decir que te hizo gritar mucho.- intentó bromear.

- Emm…-bebí un poco sintiendo que la cara me ardía.

- Veo que te gusta mucho…

Su voz cogió un matiz más triste de lo normal. Sabía la tendencia depresiva de Neil, pero aun así ese día parecía mucho más que otro. Podía comprender que se había pasado la noche trabajando y lo único que quería era ver a su marido en su casa, pero al llegar no estaba ahí. No dudé de que su tristeza fuera por eso. Intenté estrujarme la mente para buscar otro tema de conversación, puesto que si seguíamos por ahí terminaríamos hablando de Sam, y el oído del susodicho era tan fino que se podría despertar, salir desnudo y tan marcado como una vaca…

- ¿Sabes dónde está Sam?- preguntó al final al vaciar su taza de café.

- Ayer nos fuimos a beber después del trabajo, pero me fui a casa temprano…- envíe una mirada a la habitación como dando a entender el motivo.- Así que… no sé dónde está.- mentí frívolamente.

Si hubiera una balanza para medir la maldad de la gente, estaba plenamente segura que la mía se había roto. No era la primera vez que Sam no pasaba la noche en casa, y no siempre terminábamos en el apartamento de uno, muchas veces, la pasión acababa en un baño de un bar o en el asiento trasero del coche. No era algo de estar orgullosa, pero el sexo con Sam siempre era explosivo y yo simplemente no quería negarme.

- Creo que… me voy a divorciar.

Las palabras que soltó poco a poco fueron tomando sentido en mi mente. Le miré tan sorprendida como mi gato, y tan estupefacto como el desnudo Sam que había salido de la habitación y se había quedado helado en el marco de la puerta al oír eso. Hice una seña para que no hablara y volví mi atención a Neil, que seguía con la mirada fija en el café…

- ¿Por qué dices eso? No seas tonto Neil…

- No soy tonto Aria…- levantó la vista y me clavó sus ojos claros llenos de dolor.- Hace tiempo que lo nuestro es diferente… ¿sabes?

- ¿Cómo que diferente?- trago saliva nerviosa.- Oye cielo, piensa que… ahora estás más triste de lo normal…-le abrazo- y…todo parece peor de lo que es. ¿Sabes?

Supe que no compartía mi opinión, pero se dejó consolar durante un rato. Me comentó que en los últimos años Sam parecía diferente, como si su mente estuviera navegando por otro lugar y como su corazón se hubiera alejado del suyo. Dudó antes de confesar que temía que le estuviera engañando con otra persona, pero le informé que ningún hombre del hospital se atrevería a poner un ojo en él. Primeramente porque la mayoría de doctores eran heteros, y era bien sabido que Sam era un gay confeso. Entre ánimos y algún que otros comentarios le informé de la mala racha médica que habíamos pasado. Aunque Sam no era pediatra, habíamos terminado trabajando durante una larga temporada en pediatría y mucho de los niños que habíamos tratado no mejoraban. Como Infecciologa que era, sabía que detectar una infección era algo difícil cuando no se podía localizar el foco, y más cuando los pacientes tenían tantos síntomas contradictorios que no podíamos diagnosticar nada claramente. Esa pequeña información hizo que se relajara más y se terminó el café dejándome sola con mi malestar…

- ¿Qué coño te pasa?- le grité a Sam cuando se sentó a mi lado.- ¡Se supone que las cosas con Neil te van bien!

- ¿Por qué se “supone”?- sonríe con amargura.

- ¡Nunca me has dicho que fueran mal!

- Entonces… ¿Qué coño hago aquí, si no es así?

Sus palabras se fueron clavando poco a poco en mi corazón y la palabra esperanza comenzó a ahogarme… ¿Qué estaba pasando?

Comentarios

  1. ¡Había dejado esta historia a la mitad! Y me arrepiento, que ahora que la recordé, me puse a seguirla y con qué gusto <3 Me da mucha compasión Neil, se lo ve tan mal, pobrecito T^T

    Estaré leyendo el resto de los capítulos :D

    Bye!

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