Perche ti amo

Nombre: Perche ti amo
Serie: Naruto
Pareja: Hinata x Itachi
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen. Si quieren utilizar el argumento del Fic, por favor pídanlo o pongan créditos.

                          Perche ti amo


Pensamiento:

Estaba equivocada. Siempre lo había estado, y por mucho que le doliera admitirlo, la fantasía se había acabado. Todos, incluso su familia casi ausente, sabían que esa relación era falsa. Lo único que los mantenía unidos, era esa dilatación a lo inminente. Algo que duraría tan poco como un suspiro, pero que la dejaría tan marcada como una cicatriz.




Capítulo 1:

La distancia de la ventana al suelo no era preocupante. Tenía plena confianza en sus capacidades deportivas, por lo que si saltaba no terminaría dañada. Y si así fuera, tampoco era algo que le importara mucho. Miró atrás para comprobar que la puerta de su habitación estaba bien cerrada y escuchó como dos voces gritaban. No le importó no saber el final de la discusión. Posiblemente uno de los dos terminaría durmiendo en el sofá y el otro durmiendo con alguna acompañante non grata para el otro. Suspiró cuando oyó como una puerta se cerraba. Era el momento. Se acercó a la ventana, se subió al marco y saltó.

Las calles estaban frías. Las farolas encendida y el halo de luz que desprendían daban al camino un aspecto tétrico. Se abrazó el torso y lamentó no haber cogido los zapatos antes de saltar. Tenía los pies fríos, sus pasos se marcaban en la nieve y cada centímetro de su piel estaba erizada. Durante unos segundos barajeó la posibilidad de volver a casa, pero la expectativa de encontrarse a su padre o madre en brazos de un amante no era muy halagÜeña. De alguna forma se había terminado acostumbrando a la infidelidad de sus progenitores, al igual de su poco interés en su hija como muchas otras cosas. Pero toda esa falta de afecto estaba bastante compensada por otras personas.

Tembló y cerró los puños con fuerzas antes de correr. Tardó menos de media hora en llegar al bar de Ibiki. Él era un ex amante de su madre, y por cuestiones,que su cerebro no había logrado entender hasta hacía poco, había terminado cuidándola. El pobre hombre,tenía la esperanza que si mostraba interés hacía ella, su madre lo elegiría. Su esperanzas duró nada más que dos horas. Antes de entrar al bar miró a su reloj y se prometió no informarle de nada al susodicho. En el momento que entró y el hombre le miró, supo que no tardaría más de un segundo en confesar.

- Tocó discusión. - informó mientras caminaba con los pies helados hasta dentro de la barra. Abrazó al hombre, saludó a unos camareros y sin más se metió en una pequeña habitación. En ella había una cama, un pequeño radiador y un par de zapatillas de andar por casa, que prometían calor y comodidad.

Después de ponerse las zapatillas, enredarse en el edredón y entrar en calor, salió y se sentó en la barra, esperando su bien recibido tazón de colacao. Aunque tuviera casi veinte años, la seguían tratando como una cría. En cierto modo, no se podía quejar de ello. No había tenido infancia, y lo que recordaba de ella, siempre era estar pasando de brazo en brazo entre desconocidos. Posiblemente algún amante de sus padres con ilusiones, como Ibiki. Cuando fue lo suficiente mayor para darse cuenta de todo, había decidido cerrar el tema desde lo sano: ella seguiría viviendo con sus padres, mientras que ellos le pagaran los estudios y todo lo que quisiera. Después de todo los Hyuga eran una Familia de renombre. Tenían una cadena de Hoteles por todo Japón y por China, e incluso estaban comenzando a extender raíces por Europa. Si en esos momentos, el mundo entero se diera cuenta que eran unos infieles, malos padres y mentirosos, posiblemente su imperio de poder acabaría. Era una realidad y ella la aceptaba como podía.

Después de tomarse una taza de colacao caliente, entrar en calor e informar de sus clases a Ibiki decidió que era momento de ir a dormir. Se despidió de todos y volvió a esconderse en aquella mínima habitación, envuelta en el edredón, con el calor de la estufa y la seguridad de que al menos, en ese lugar, si la querían.


El murmullo de la cocina, el olor a café y un hilo de luz hizo que despertara de su mundo de sueños. Abrió los ojos con lentitud antes de encontrarse la mirada mañanera de Ibiki. Éste le sonrió y sin decirle nada, le dejó una taza de colacao en la mesa, después tan rápido como entró se marchó. A pesar de que esa súbita intromisión a su dormitorio era un claro aviso, volvió a cerrar los ojos y dio media vuelta para seguir durmiendo. En el instante que estaba apunto de entrar al mundo onírico, sintió como una mirada oscura y penetrante le golpeaba en la espalda. Al girarse no había nadie.
Bostezó, se estiró aún dentro de las sábanas y cuando se sintió más persona salió de la calidez de la cama.

A las siete de la mañana, el bar estaba repleto de trabajadores. Todos vestidos con sus trajes negros, con el ceño fruncido y exigiendo una taza bien cargada de café. Ella, en ese mismo instante, con su pijama de Hello Kitty, su taza de pokemón con colacao se sintió más niña que nunca. Hundió la mirada en contenido de su taza y casi como un alma en pena se acercó a la barra hasta tomar asiento. Saludó en voz baja a Ibiki cuando volvió a sentir unos ojos oscuros clavados en ella.

- ¡Deja de mirar a la niña! - escuchó la voz de Ibiki que gritaba. Ella se quedó helada y no se atrevió a girar para mirar quien le observaba.
- ¿Por qué no puedo?- preguntó divertida la voz, mientras se sentaba a su lado.
- ¡Porque es una cría!

Ante esa demostración de afecto paternal no tuvo más remedio que encararse. Al momento de girarse y encontrarse esos dos pares de ojos negros se arrepintió al momento.

- Me llamo Itachi Uchiha, un placer, cría.- le guiñó un ojo y le apartó un cabello de la cara.

Lo único que su cerebro fue capas de trasmitir a sus labios fue un sutil gemido. Él sonrió haciendo que cada partícula dormida de su ser se despertara, además de también despertar la parte más oscura de su corazón.

Cuando Itachi le sonrió, le guiñó un ojo y se marchó con pasos elegantes y galanes, Hinata comprendió dos cosas:

La primera, era que ese hombre iba a ser suyo.

Y la segunda que perdería la virginidad con él.

¿De dónde sacaría el valor? No lo sabía, pero esa era una realidad.

Itachi Uchiha y su metro ochenta de masculinidad iba a ser suyo.





Comentarios

  1. ¡Hola! Me ha hecho mucha gracia el final, quizás, porque lo entendí mal al metro ochenta xD Mal pensada a más no poder.

    Estaré leyendo el próximo capítulo.

    Bye!

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