Infiltrados: Uno

Nombre: Infiltrados
Original
En proceso
Es una historia original, si quieres ponerla en algún lugar siéntete libre de hacerlo, pero no olvides dar créditos o al menos avisarme.

Prólogo:
Era consciente que iba a poner en una situación comprometedora a sus dos mejores trabajadores, pero tampoco tenía otra opción. Los superiores se habían enterado de su romance y creían que ninguno de los dos sería objetivo si trabajaban juntos, por eso les había hecho llamar. No se sentía orgulloso de lo que iba a hacer, pero como amigo de la pareja sabía que era lo mejor. El diablo no sabía más por malo, sino por viejo. Sonrió con tristeza y esperó a que sus dos compañeros entraran en su oficina y les diera la peor de las misiones que una pareja de recién casados podría tener. 

Uno:

Al entrar a la oficina no tenía ganas de hablar con nadie. A decir verdad no quería hacer nada. Incluso respirar le suponía un problema, pero claro era consciente que si dejaba de hacerlo terminaría muriendo y no era algo que quisiera. No después de haber vuelto de la mejor luna de miel de la historia. Aunque tampoco sabía como eran las lunas de miel de los demás, después de todo no podía hablar con nadie de su romance, al menos no con la gente de la oficina y lamentablemente eran sus únicos amigos. Por primera vez en años se arrepintió de tener el trabajo que tenía, y eso que después de su marido era una de las mejores cosas que le habían pasado en la vida. Pero claro, cuando no podías intercambiar opiniones con las demás personas, tampoco podía disfrutar plenamente de la felicidad. Porque después de todo, una cierta parte de ésta era saber que la gente sentía envidia de ti. Si, era un pensamiento cruel pero ¿para que mentir? Su esposo era un vikingo de los antiguos y todas las féminas de la oficina lo sabían. Killian era un hombre alto, con espalda de nadador y piernas de corredor, un cabello rubio cual sol, ojos claros como el mar, barbilla cuadrada y masculina, voz ronca y grave y unas manos con las que cualquier mujer disfrutaría. Su compañero de vida era un gran amante, pero claro eso tampoco lo podía decir. Suspiró mosqueada esperando que sus compañeros comenzaran a exigirle su ausencia durante dos largas semanas. Sonrió con petulancia mientras se sentaba en su despacho en el momento que el teléfono sonó. Descubrió demasiado pronto que le llamaba su superior y eso era algo que no podía ser bueno. Tan sólo había visitado el despacho de Mael tres veces contadas: la primera cuando entró en la brigada criminalistica, la segunda cuando él se enteró de la relación entre ellos y la tercera cuando les felicitó por su ilícita boda. Después de todo en aquel despacho las relaciones interpersonales estaban prohibidas y nadie había tenido el detalle de decírselo, por lo que cuando se enamoró perdidamente de Killian ya era demasiado tarde.

Antes de que sus compañeros le pudieran dar pistas con su mirada huyó al despacho del superior. Éste se encontraba sentado cómodamente en su silla de cuero negro, reposando los rollizos brazos sobre la mesa y mirando con cierta burla un sobre amarillo. Lo primero que pensó fue que era cambio de oficina, después de todo ya le había comentado que si se casaba y la gente se enteraba era eso lo que pasaría. Algo mucho mejor que un despido, porque aunque fuera muy buena en su trabajo y lo pudiera demostrar, con sus veinticinco años era demasiado joven y las probabilidades de encontrar un empleo mejor que ese eran casi imposibles. Por lo que pasó al despacho y se sentó con el corazón hecho un puño. Adoraba el crimen organizado, pero podría irse a cualquier otro lugar. Aguantó el aire dispuesta a escuchar el discurso cuando la puerta de la oficina se volvió a abrir, detrás del marco apareció Killian, con su cabello largo atado en un moño y sus espesas cejas arqueadas al verla ahí, en ese momento los dos posaron los ojos sobre el paquete amarillo y su jefe sonrió. Algo en su expresión decía que el contenido de aquello no le iba a gustar a ninguno de los dos. O al menos eso creía.

- ¿Qué?- logró decir cuando Mael explicó con voz ronca cual era el motivo de su reunión.

- ¿Por qué?- preguntó Killian con los ojos desencajados. Su postura de guerrero nórdico y protector le desarmó durante unos segundos, pero luego se ofendió.

- ¿Cómo que por qué?- gimió ella indignada.

Mael se quedó observando la escena divertido. Acababa de informar a Maeva que se infiltraría en una misión de Trata de Blancas y que sería Killian quien la ayudaría, además de prepararla para que supiera todo lo necesario sobre ese caso. Ella observaba entre molesta y emocionada a su recién adquirido esposo que no le soltaba de las manos en ningún momento.

- ¡Me niego! -gruñó con voz autoritaria.- ¡Es muy peligro! ¡Mae no sabe infiltrarse!- acusó furioso mirando a su superior. - ¡Mael no me hagas esto!

El superior comprendió que hasta que no le diera una buena explicación a sus dos mejores agentes no podría pasar página de ese día. Tomo aire con parsimonia irritando a los invitados y esperó a que los dos se relajaran en sus asientos. Cuanto notó que Killian destensaba los hombros de luchador y Maeva sonreía divertida se animó a hablar.

- Los de arriba se enteraron de vuestra unión, quieren ver si pueden trabajar unidos sin poner en riesgo la misión.

Con eso la pareja se quedó satisfecha, aunque ambos sabían que al salir de aquel despacho y en la intimidad de la alcoba iban a comentar detalles sobre aquel caso. Después de todo sabían que no podían rechazar un trabajo de las autoridades y mucho menos si con ello ponían en riesgo su capacidad laboral. Se habían enamorando trabajando y morirían trabajando, al menos esos habían sido sus votos. O eso querían creer.

Comentarios

  1. ¡Oh, Kilian me llegó al corazon! Me encanta, me encanta <3 Ya quiero ver cómo les va a los dos con el caso *^* Estaré pendiente de la historia :D

    ¡Cuidate!

    Bye!

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    Respuestas
    1. Kilian será el típico Vikingo, vikingo... hará temblar rodillas seguro.
      Me alegra que te haya gustado, ojala lo pueda hacer bien.
      ¡Cuídate!

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